Cuando somos niñxs, vemos a nuestra mamá como la mujer maravilla, como nuestra protectora y guía, como alguien que todo lo puede sin importar nada. Cuando somos pequeñxs, olvidamos que nuestra mamá también es un ser humano como nosotrxs y conforme vamos creciendo, nos vamos dando cuenta poco a poco que todo lo que mamá hacía no era gracias a sus superpoderes, sino, gracias a todos sus esfuerzos, sacrificios, dedicación y tiempo y eso, la hace aún más especial.

Ya sabemos que mamá no es un ser mágico con superpoderes, es la mujer de carne y hueso que se levanta cada mañana para salir adelante, es la mujer defensora, capaz, amorosa y sensible. También es la mujer rígida, que te llama la atención cuando se debe, la que te dice tus errores y habla con la verdad porque sabe que es lo mejor para ti. Mamá es la mujer que te guía con el ejemplo, con sus palabras, con su cariño, pero también es una mujer que necesita que la cuidemos y queramos mucho, que le devolvamos todo lo que ella ha hecho por nosotrxs día a día.

Lo único que podemos decir para esa mujer, la que se desveló hasta que llegaras a casa, aquella que se levantó temprano por años para preparar tu lunch, la que no es mamá biológica, pero te quiso como si lo fueras, para todas esas mujeres fuertes, guerreras y especiales, sólo podemos decirles: Gracias. Gracias por abrigarme del aroma de tu piel cuando me abrazas y curarme el alma cuando más lo necesito, por enseñarme a luchar y no darme por vencidx; gracias por ser la voz que alivia el corazón, por ser fuerza y tranquilidad, por ser mi lugar seguro, gracias por los regaños que, aunque antes no lo comprendía, hoy sé por qué lo hacías. Gracias por estar y por ser la persona que eres. El mejor apapacho es el de mamá. ¡GRACIAS!

 

Porque mamá merece todo nuestro amor, cuidado y agradecimiento.

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